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Llamados por Cristo

La vida cristiana es en su raíz una respuesta a la obra de Dios. En el principio, Dios nos creó; él nos amó a la existencia. Nacido como infante indefenso, en su encarnación unió su vida con la nuestra. En su cruz, Jesús se abandonó a lo peor que la humanidad podía arrojarle, todo por amor a nosotros. En su resurrección, él nos ha dado esperanza de vida eterna.

¿Cómo le respondemos a un Dios que tan generosamente se da a sí mismo? Los teólogos nos dicen que incluso nuestras buenas obras son impulsadas por su gracia. Llevamos a término la buena obra que comienza en nosotros. En respuesta a la obra salvadora de Cristo, estamos llamados a ser fieles a la voluntad de Dios. Muy a menudo su voluntad es difícil de discernir. ¿Qué significa ser fiel a la voluntad de Dios? Jesús fundó la Iglesia para proporcionarnos pastores que puedan guiarnos hacia él. Nuestra tradición católica nos ofrece cinco preceptos o mandamientos para la vida cristiana.

Si bien a menudo vemos estos mandatos como deberes, los desafío a que los vean como oportunidades para responder a la gracia, el amor y la misericordia de Dios.

1. Los católicos deben asistir a misa los domingos y días de precepto y descansar del trabajo servil.

Somos llamados por Cristo a estar cerca de él y hacer tiempo fuera del trabajo y nuestras vidas ocupadas para descansar con Cristo en la misa y acercarnos a Nuestro Padre Celestial. “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí. Si ustedes Me hubieran conocido, también hubieran conocido a Mi Padre”.(Juan 14:6-7)

2. Los católicos deben confesar sus pecados al menos una vez al año.

Somos llamados por Cristo a confiarle nuestros pecados y buscar su misericordia. Jesús desea encontrarse con nosotros en la confesión y, a través de las palabras de absolución, perdona nuestros pecados". Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en (a causa de) nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo". (Efesios 2:4-5)

3. Los católicos deben recibir el sacramento de la Eucaristía al menos una vez durante el tiempo de Pascua.

Somos llamados por Cristo a darle la bienvenida (cuerpo, sangre, alma y divinidad) a nuestras vidas. En la misa, nos ofrecemos a Dios, y Dios nos regresa a él mismo, presente en la Eucaristía. Le damos nuestro quebrantamiento, nuestras luchas y él nos lo da todo. “Yo soy el pan de la vida; el que viene a Mí no tendrá hambre, y el que cree en Mí nunca tendrá sed". (Juan 6:35)

4. Los católicos deben observar los días de ayuno y abstinencia establecidos por la Iglesia.

Somos llamados por Cristo para disciplinarnos en nuestra vida de oración y para asumir esas prácticas, que al igual que la disciplina de un atleta, nos acercarán a nuestra meta. Los días requeridos de ayuno y abstinencia nos recuerdan que no estamos hechos para el placer corporal sino para la felicidad eterna con Dios. Estamos llamados a rechazar las cosas buenas como la comida por el bien superior de la unión con Dios. “Escrito está: ‘No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’”. (Mateo 4:4)

5. Los católicos deben ayudar a satisfacer las necesidades de la Iglesia.

Somos llamados por Cristo para apoyar el trabajo de la Iglesia. A través de la Iglesia, recibimos los sacramentos. A través de la Iglesia, recibimos instrucción en nuestra fe. A través de la Iglesia, recibimos a Cristo. La Iglesia también nos llama a evangelizar; de hecho, tenemos la responsabilidad de difundir el Evangelio. Jesús nos ordenó: “Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura. Él que crea y sea bautizado será salvo; pero él que no crea será condenado”. (Marcos 16:15-16) Estamos llamados a apoyar a la Iglesia en esta gran obra: santificar el mundo y traer todo a Jesucristo.

Durante esta temporada de otoño, quiero llamar la atención sobre la oportunidad que todos tenemos para apoyar a nuestra Iglesia local a través de la Campaña Anual Católica (ACA). A través de esta colecta, los jóvenes son evangelizados en nuestras escuelas, en las clases de preparación sacramental y en los campus universitarios. Ustedes apoyan a los sacerdotes retirados en su vejez y educan a nuestros futuros sacerdotes. Ustedes apoyan nuestro trabajo de visitar a los presos y consolar a los enfermos. Por favor, únanse a mí para responder al Llamado de Cristo para promover las Buenas Nuevas y para acercarnos cada vez más a él, amarlo y dejar que su misericordia lo lleven al cielo.

Por favor, oren por mí y sepan que están en mis oraciones.